LA DANZA EN EL SIGLO XIX

    Durante el siglo XIX la técnica del ballet clásico del siglo anterior encontró su definitiva formulación. A principios del Romanticismo, algunos maestros franceses se instalaron en Rusia y crearon una escuela clásica de ballets rusos , cuyo prestigio e importancia se han mantenido hasta la actualidad. Esta restauración está relacionada con la llegada a San Petersburgo del bailarín y coreógrafo Marius Petipá.

    Hasta ese momento, muchos de los ballets estaban constituidos y organizados a partir de la yuxtaposición de diferentes escenas, que en la mayoría de los casos no guardaba ninguna relación entre sí. Una de las grandes aportaciones de los ballets rusos fue la de poner en escena una historia coherente con diferentes temáticas, tanto dramáticas como cómicas.

    María Taglioni se convertirá en la gran bailarina del siglo, participando en los estrenos de los ballets de los principales compositores. Esta bailarina fue la primera que se puso de puntillas a la hora de realizar sus danzas en el escenario. Con este gesto se conseguía cierto sentido de ingravidez, convirtiendo a la bailarina en un ser etéreo. Entre los bailarines destacados se encuentra el ruso V. Nijinski.

    Otra de las novedades que se instalaron en los ballets rusos fue la utilización de cables para que los bailarines realizaran grandes vuelos por el aire.

    Entre los compositores más famosos de ballet ruso tenemos que destacar a P. I. Tchaikovsky que dio un gran impulso a este género con obras como "El cascanueces", "La bella durmiente" o "El lago de los cisnes".